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NOTICIA | 03 Jul 2012

Inviabilidad del concepto de desarrollo sostenible por la polarización en su apreciación.

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A propósito de la semana del medio ambiente y de Río + 20, que acaban de celebrarse el mes pasado,  son muchas las actividades, charlas, conferencias, etc., que se presentan con ocasión ello, en donde se habla principalmente del concepto de desarrollo sostenible, de su aplicación, de sus bondades, etc.

Sin embargo la conciencia real que se tiene sobre la importancia que conlleva un adecuado y equilibrado manejo en el aprovechamiento de los recursos naturales  es mínima.

El hecho de no existir una conciencia en los individuos sobre el adecuado manejo de estos recursos se ve reflejado en las diferentes actuaciones de estos,  en sus roles normales de personas naturales, como miembros de grupos económicos y empresas o como funcionarios de autoridades ambientales, que en ocasiones no atienden criterios necesariamente pro ambiente.

Como consecuencia de lo anterior, se tiene entonces una polarización por las diferentes posiciones ideológicas contrapuestas, como lo es por ejemplo una concepción extremadamente conservacionista, en donde la idea es “no tocar” y otra, en donde simplemente se ve al medio ambiente como fuente de ingresos y se considera inagotable.

Así las cosas, existen personas que se denominan activistas, que en algunas oportunidades pertenecen a grupos radicales, y que propenden por  la conservación total de la naturaleza, ante lo cual vale la pena preguntarse si en estos momentos es posible hablar de conservación, en una forma estricta y absoluta,  pues, para construir las viviendas se necesitan ladrillos, cemento, arena, entre otros; elementos que provienen de la extracción de minerales o la tan controvertida minería; así mismo, la necesidad de movilizarse en vehículos, la producción de prendas de vestir, entre muchas otras, son actividades que generan un alto impacto al medio ambiente.

Lo anterior no significa que todos los grupos ambientalistas sean extremistas, pues hay muchos de ellos que son consecuentes y libran batallas con argumentos y en contra de situaciones o acciones ante las cuales realmente es necesario luchar.

Hecha esta salvedad y, considerando que muchas de las actividades que se desarrollan para obtener algunos de los productos que hoy resultan ser necesarios para el corriente de las personas, necesariamente llevan consigo impactos negativos al medio ambiente,  no habría como considerar la idea de un conservacionismo  en estricto sentido.

Por otro lado, hay que observar la otra orilla, en la cual se encuentra la industria y en general las actividades que generan impacto considerable al medio ambiente, en donde muchas de éstas toman medidas ambientales al interior de sus organizaciones, no por convicción o conciencia sobre la problemática ambiental que se afronta, sino por coerción de las autoridades competentes (administrativas ambientales o judiciales en casos de acciones populares, de grupo o cumplimiento), por exenciones o beneficios tributarios, o por simple publicidad; resultando siempre que la toma de medidas se hace no por conciencia sino por externalidades que en la mayoría de las ocasiones están ligadas con números, esto es, con evitar perdida en la producción o ganancias y el incremento de éstas, es decir, siempre se enmarca dentro de una concepción netamente económica, la cual dentro de un sistema capitalista como el que nos rige, puede convertirse en el peor enemigo del medio ambiente y del principio de desarrollo sostenible.

De igual manera están las autoridades ambientales, las cuales en algunas oportunidades no son consecuentes con las funciones a ellas atribuidas por nuestra legislación, pues en ocasiones se salen del marco legal y constitucional que las rige, para convertirse en torpeadores porque si de los proyectos que podrían generar desarrollo. Se trataría de una especie de odio en contra de la industria y la actividad productiva, en algunas oportunidades prejuzgando y sin argumento alguno. Entonces, no se formulan políticas serias, no se atacan problemáticas que realmente si generan impactos negativos al medio ambiente, sino que algunas oportunidades se busca atacar a como de lugar al particular que va a llevar a cabo algún proyecto productivo, de aquellos que son considerados sensibles.

Por todo lo anterior, actualmente no existen los elementos que teóricamente constituyen el concepto de desarrollo sostenible, el cual sólo se podrá lograr, cuando los actores que llevan a cabo un rol protagónico para su ejecución, tomen consciencia sobre su importancia, y que esa conciencia se vea reflejada en sus acciones.

Escrito por : Alexander Acosta